¿Por qué salimos pitando de Nong Khiaw?

Como ya hemos contado en nuestras publicaciones anteriores sobre Laos, desde que entramos al país se sucedieron «una serie de catastróficas desdichas – Lao style« que condicionaron, y mucho, nuestra opinión sobre el país, haciendo que sea el lugar que MENOS nos ha gustado de todos los que hemos visitado en la vuelta al mundo. Por supuesto Nong Khiaw, nuestro siguiente destino después de pasar los primeros días en Luang Prabang, fue el remate total. ¿Queréis saber qué nos pasó para salir pitando de allí? Pues puede que este sea uno de nuestros post más cómicos (a posteriori), pero fue una auténtica pesadilla. Por eso, y para no herir de nuevo nuestra y vuesta sensibilidad con documentos gráficos reales, en algunos momentos del relato utilizaremos GIFs ilustrativos…bueno, y porque nos encantan, jaja.

¿Por qué salimos pitando de Nong Khiaw?

¿CÓMO LLEGAR A NONG KHIAW?

Nosotras fuimos desde Luang Prabang en una minivan que contratamos directamente con el hostal en el que nos alojamos (Villa Sokxay), ya que el precio se ajustaba a lo que habíamos leído en otros blogs. El trayecto completo, que incluía transfer del hostal a la estación de autobuses y minivan hasta Nong Khiaw (unas 3h) nos costó 70000kips por persona (unos 7,5€) después de negociar, ya que el precio inicial era de 80000-90000kips. Al llegar a la estación de autobuses os tocará esperar bastante rato hasta que vuestra van esté lista o llena para salir. El viaje en sí ya tiene lo suyo, la verdad. Es bastante incómodo porque la mitad del trayecto más o menos se hace por un camino de cabras, sin asfaltar y lleno de baches. Si os mareais…mal asunto, avisamos. Una vez que se llega a la estación de autobuses de Nong Khiaw podéis ir andando hasta el pueblo, a unos 2km, o coger un tuk tuk. Nosotras optamos por ir con nuestro buen amigo “Fuan” (Juan para nosotras), un tuktukero de lo más majo, que por 10000kips (1EUR) nos llevó al “pueblo” en su tuk tuk.

Para volver a Luang Prabang volvimos a contar con los servicios del tuktukero Fuan, que nos llevó a la estación, y allí cogimos otra minivan a Luang Prabang que curiosamente nos costó tan solo 45000kips por persona (4,5€), y no 70000kips como en la ida. Pero esto ya sabíamos que ocurriría porque en Luang Prabang obviamente toooodo es más caro.

También se puede ir en autobús local, pero la diferencia de precio es poca respecto a la minivan (en algunos sitios hemos leído que es incluso más caro) y tendréis que ir primero hasta Pakmong (a unos 40km) y ahí coger otro bus o un tuk-tuk que os lleve hasta Nong Khiaw, así que en nuestra opinión no compensa en absoluto.

 

¿DÓNDE DORMIR EN NONG KHIAW?

Habíamos mirado algunos alojamientos pero no habíamos reservado nada concreto, así que fuimos a ver el primero de nuestra lista y nos pareció tan horroroso, tan alejado del “centro” y con tan malas vistas que huimos de allí corriendo. Una vez en lo que se considera el «centro» de Nong Khiaw hay dos zonas: la de antes del puente y la de después del puente. Están muy cerca, así que básicamente da igual alojarse en una u otra porque igualmente el puente se cruza todo el tiempo para ir a las pocas tiendas o a los escasos restaurantes del pueblo (hay un par de restaurantes indios que no están mal, para lo que hay). Eso sí, no os recomendamos que os alojéis muy lejos del puente porque no compensa, estaréis en el medio de la nada.

En el pueblo hay un montón de guesthouses a precios muy económicos. Nosotras acabamos alojándonos en Sengdao Guesthouse, justo al lado del puente (antes de cruzarlo si se viene desde la estación de autobuses) por 70000kips la noche (unos 7,5€) en un «bungalow» de bambú con vistas al río, aunque nos tapaban algunos árboles. A veces las cosas salen bien y otras no tan bien, pero visto lo visto en nuestra caminata por los alrededores nos pareció que allí al menos estaríamos tranquilas y tendríamos buenas vistas.

El idílico bungalow de bambú acabó siendo nuestra peor pesadilla. El día anterior, en Luang Prabang, Sandra se había puesto muy malita con el estómago, así que necesitaba descansar, hidratarse, y un baño bien cerca. No conocemos, hasta el día de hoy, a nadie que haya ido a Laos y no se haya cagado vivo, hablando claro y mal. Si hay supervivientes a la maldición de la comida laosiana que se manifieste.

El caso es que la habitación, muy básica, tenía una cama con dosel de mosquitera (la primera que veíamos en todo el Sudeste…esto ya debió darnos una idea de lo que vendría), un baño que bien pudo ser la inspiración de una película de terror, con su luz parpadeante y todo, y un fantástico balconcito desde el que admirar las ansiadas vistas. Ya instaladas, y pensando con optimismo «¡venga, vamos a intentar disfrutar!», Sandra (aquí la que escribe) se quedó descansando entre la cama y el baño, mientras Itzi se fue a buscar algo de comer para ella. Cuando volvió, con el bocadillo más caro y cutre de la historia de Asia, salimos al balcón a sentarnos un rato y a comer.

De repente, y así como de la nada, notamos un rapidísimo movimiento detrás de nosotras como de un bicho ENORME. Y nos cagamos de nuevo…pero esta vez de miedo.

Habíamos leído en un blog que había algunas arañas de talla considerable por la zona, pero no nos esperábamos algo así. Una araña del tamaño de un puño (después las rebautizaríamos como «arañas como gatos»), entró corriendo a nuestra cabaña de bambú, dejándonos en un estado de shock entre la boca abierta y el histerismo, del que nos costó unos segundos salir, hasta que nos decidimos a entrar de nuevo para batirnos en un duelo a muerte, sin tener muy claro quién ganaría. Lo único que teníamos claro es que con ESO no íbamos a dormir allí dentro, así que había 2 opciones: o fuera, o muerta.

Localizamos a nuestra inquilina no deseada e Itzi, que claramente es la más valiente de las dos, se dispuso a sacarla de allí como fuese. Los intentos amigables por hacer que se marchase no sirvieron de nada, así que al final tuvimos que, con mucho esfuerzo y rapidez, darle una buena serie de zapatillazos, hasta que pasó a mejor vida.

Aniquilada nuestra enemiga, nos volvimos literalmente locas echando Relec por todas las esquinas (que para vuestra información el Relec no sirve de nada en cuanto a que creemos que a los mosquitos le gusta, pero mata bichos divinamente). Salimos a hablar con la dueña de las cabañas, que es posiblemente la persona más desagradable de todo el pueblo, y le preguntamos si tenía algo para tapar los huecos de debajo de las puertas para que no entrasen. Su respuesta, con cara de acelga, fue: «No, si las arañas no entran dentro, es que hay algunas en el jardín». Menos convencidas de esta afirmación que cuando tu madre te decía que no había monstruos debajo de la cama, nos volvimos a la cabaña e implementamos un sistema de tapar rendijas con las toallas del bungalow y la cinta aislante que ni un tornado se atrevería a entrar en ese cuarto. Porque Sandra con la cinta aislante se vuelve muy loca…

Pero pronto nos dimos cuenta de que las inquilinas no deseadas no eran las arañas, sino nosotras, porque las arañas vivían allí. A lo largo de la tarde y la noche vimos más y más arañas gigantes, peluditas y muy rápidas, que aparecían de ni sabemos dónde, pero que campaban a sus anchas por la idílica/terrorífica cabaña. Nos sentíamos un poco como Ron en la cueva de Aragog, la verdad, no paraban de salir por todos sitios y nos superaban en número notablemente.

Matamos otras 3 o 4 más, ya ni sabemos, pero llegó un momento en el que no sabíamos qué hacer: si quedarnos y entrar en pánico cada vez que viésemos una, o marcharnos y buscar otro alojamiento. Como se estaba haciendo de noche, y supusimos que en todas las cabañas del pueblo pasaría lo mismo, nos resignamos a quedarnos y a aprender a vivir con estas nuevas compañeras. Así que nos aseguramos bien de que debajo de la mosquitera no hubiese ningún bicho de tamaño demencial, y nos amotinamos allí dentro con nuestra linterna, encendiéndola con cada ruido extraño.

Hemos lidiado con muchos animales y bichos indeseados en nuestros viajes, no os creáis que somos unas pijas que se asustan en el campo con una mosca, jaja, pero sin duda esta ha sido una de las peores experiencias de nuestra vida. Cada vez que teníamos que salir al baño, que debido a los problemas intestinales mencionados no fueron pocas, nos despertábamos la una a la otra para iniciar el «protocolo de salida de la mosquitera«, en el que intentábamos salir con la linterna de la cama sin dejar que nada indeseado entrase, y alumbrando a todos sitios para no encontrarnos con ninguna de nuestras nuevas amigas/enemigas peludas. Un show de noche, vamos, que ahora nos reímos pero fue una auténtica peli de terror, jaja

Si después de leer esto aún os quedan ganas de ir a Nong Khiaw ya veréis que os recomendamos que mejor busquéis un sitio con paredes de cemento, jaja.

Para colmo, ilusas de nosotras, decidimos a la mañana siguiente desayunar en el restaurante del guesthouse. La carta pintaba bien, pedimos dos crepes: uno de plátano y otro de chocolate. Plátano = bien. Chocolate = MALA IDEA. Itzi se encontró un mosquito en el crepe, pero como ya decimos que estamos bastante asalvajadas desde que empezamos a viajar, no importó mucho. Ahora, cuando apareció entre el chocolate una mosca del tamaño de un caramelo, pues oye…ya decidimos que ese crepe no se comía ni se pagaba, lo que a la dueña del guesthouse le pareció fatal, porque según ella «una mosca es una mosca, no pasa nada, a las moscas les gusta el chocolate». Además, más proteína para el cuerpín, ¿no? En fin, otro desastre para la colección.

 

¿QUÉ HACER EN NONG KHIAW?

Si aún os quedan ganas de ir…

– Cruzar el puente: una y otra vez cruzaréis el puente, no sólo para acceder a tiendas o restaurantes, sino para admirar las preciosas vistas de las montañas verdes y el río, con sus barcazas y barquitas, que lo recorren constantemente.

 

– Cuevas de Pha Tok: Están situadas a unos 2,5 – 3km del centro, caminando por el camino de tierra que sale hacia la estación de autobuses. Es allí donde los habitantes de Nong Khiaw se refugiaron durante los bombardeos de la Guerra de Vietnam. La entrada cuesta 10000 kips (algo más de 1€) y os dejarán una linterna frontal porque una vez que paséis la primera cavidad de entrada no se ve NADA. El señor que os vende la entrada os explicará la estructura de la cueva y veréis que en algunos tramos tendréis que agacharos o incluso reptar. Parece complicado, pero una vez que entréis en la cueva veréis que es casi imposible, ya que el cuerpo de un laosiano no tiene nada que ver con el de un europeo y donde ellos meten barriga o se encorvan, tú tendrías que arrancarte unas cuantas costillas para entrar. Así que nosotras no llegamos ni a la mitad del recorrido y nos dimos la vuelta, viendo inviable seguir por allí sin acabar de barro hasta las orejas, magulladas y con la ropa hecha jirones.

 

– Viewpoints o miradores: el entorno en el que se encuentra Nong Khiaw es bastante espectacular, eso es innegable, y por eso lo lógico sería poder disfrutar de unas buenas vistas desde las alturas. En los alrededores del pueblo hay varios viewpoints bastante famosos, os pueden informar en las agencias de  la zona. El más conocido está muy cerca del centro, se llama Nong Nane y el camino de subida es como de 1,5h. Leímos de todo en Internet: desde que el camino no estaba nada habilitado pero las vistas merecían la pena, hasta experiencias de gente con accidentes muy graves por caídas. Siendo época de lluvias y con todo lleno de barro no quisimos arriesgar y nos fuimos a otro viewpoint, ubicado cerca de la cueva Pha Tok Cave, que en teoría era más sencillo. Nos cobraron 10000kips por la entrada y nos indicaron el camino a subir. Más que trekking os garantizamos que era escalada en algunos puntos. Las barreras de seguridad inexistentes, las barandillas de troncos de árbol se doblaban y rompían a nuestro paso, y el «camino» se convertía en espeso bosque con cada metro que ascendíamos, por no hablar de los innumerables bichos que nos iban mordisqueando constantemente.

A medio camino (después de más de 1 hora de subida y sin ver nada, porque todo es tan tupido que sólo ves una maraña de árboles a tu alrededor, decidimos bajar sin llegar a la cima. Y la bajada fue aún peor que la subida. Bajar por una montaña que has subido casi escalando y llena de barro no es buena opción, ya os lo decimos, y acabamos bajando algunos tramos entre lágrimas y sentadas, arrastrándonos y hundiendo los pies en el barro.

Horroroso, una de las peores cosas que hemos hecho en nuestra vida. Cuando llegamos por fin abajo (tras casi otra hora de camino) nos daban ganas de besar el suelo y de soltarle un buen sopapo al caradura de la entrada que no nos dijo nada de lo peligroso que era el ascenso. Si este era el viewpoint fácil no queremos ni imaginarnos cómo son los otros, la verdad.

– Trekking de las 100 cascadas: es el mayor atractivo de esta zona, sin ninguna duda. En Nong Khiaw encontraréis algunas agencias para hacerlo, pero por lo que hemos leído en otros blogs parece que Tiger Trail son de los más fiables. Después hemos descubierto que también existe la opción para hacerlo «casi» por vuestra cuenta contratando un guía local. El caso es que nosotras no somos muy amigas de los trekking extremos, y de este habíamos leído DE TODO. Especialmente el tema de las sanguijuelas parece un problema inevitable, especialmente en época de lluvias (nosotras fuimos en Octubre, así que fatal) y como al final habíamos ido a Nong Khiaw a relajarnos y no a sufrir pues no lo hicimos. Pero si os gustan este tipo de actividades, adelante. Os recomendamos, antes de hacer cualquier trekking en el Norte de Laos, leer la experiencia de Carmen Teira, de Trajinando por el mundo. Os vais a partir de risa con cómo cuenta ella su experiencia miserable y surrealista haciendo trekking en Muang Sing y además veréis un poco la cara B de estas excursiones, para que cuando contratéis una de estas experiencias esteis atentos a muchos factores y decidáis lo mejor posible 🙂

 


De nuestra pésima experiencia en Laos aprendimos que su preocupación por el visitante es mínima. En general les da igual tu seguridad, les da igual tu bienestar o la impresión que te lleves del lugar. La gente más desagradable que encontramos en toda nuestra vuelta al mundo fue en Laos, y sin duda esto ha condicionado nuestra opinión sobre el país. Pero como siempre decimos: la experiencia de cada uno es lo que hace que ames o que odies un lugar. Suponemos que tuvimos mala suerte (pero mucha…), porque conocemos gente que ha tenido experiencias maravillosas y están encantados. Nosotras, desde luego, salimos pitando a Vietnam.

¡ADIÓS LAOS!

 

 


¡Si te ha gustado compártelo en tus redes! Nos harás muy felices 🙂

¿Por qué salimos pitando de Nong Khiaw?
Facebooktwitter
Etiquetado en:         

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *