Blachford: 2 meses durmiendo bajo las auroras

Estando en Canadá no queríamos perder la oportunidad de ir a ver uno de los fenómenos naturales más bonitos del mundo: las auroras borealesLas auroras se ven principalmente cerca de los polos y Canadá es uno de los mejores países para observarlas, aunque también se pueden ver en otros países europeos como Islandia, o Noruega, por ejemplo.

Investigando un poco vimos que en la provincia de los Territorios del Noroeste había una ciudad llamada Yellowknife, aunque su sobrenombre es “la ciudad de las auroras”. ¡Perfecto! Ya teníamos decidido el destino, queríamos ir allí a verlas, pero ir hasta Yellowknife es caro, no sólo por el avión sino porque hay que añadir el alojamiento, tours para “cazar auroras”, actividades de nieve, etc. Así que empezaron a surgirnos las dudas. ¿Y si vamos 4 días, nos dejamos una pasta y no tenemos suerte viéndolas? ¿Cuando será la mejor época del año? ¿Cómo nos vestimos si allí viven a -40°? Sí, sí, amig@s, las auroras suelen ser sinónimo de frío…de mucho frío.

Con todos estos pensamientos en la cabeza, decidimos buscar opciones para asegurarnos, sí o sí, de que nuestra experiencia en Yellowknife iba a ser todo un éxito. Y así comenzó nuestra aventura como voluntarias en Blachford Lake Lodge.

Existe una página web famosa entre todos los viajeros mochileros que se llama Workaway, o lo que es lo mismo: trabaja fuera. Es una plataforma  de intercambio de trabajo por alojamiento, comida…depende del lugar.

Nosotras encontramos un workaway cerca de Yellowknife, pero todo apuntaba a que iba ser un gran desafío. La oferta de Blachford Lake Lodge consistía en pasar al menos 2 meses en un ecohotel remoto a 100km de la ciudad de Yellowknife donde sólo se puede llegar en avioneta. Un lugar mágico rodeado de lagos congelados. Ellos te proporcionaban la ropa especial y el alojamiento para los voluntarios es en “cabañas” donde debes mantener tu propio fuego con leña. Además todas las actividades que se hacen en Blachford (snowmobile, raquetas de nieve, skies, jacuzzi al aire libre, sauna…), además de la comida, estaba incluido.

¿Se puede pedir más? Era el plan perfecto: poca inversión de dinero y auroras garantizadas. Así que aunque sabíamos que iba a ser dura, ya que nunca habíamos vivido a -40 grados y jamás habíamos cortado leña, nos lanzamos a esta aventura con todas las ganas del mundo y os garantizamos que ha sido una de las experiencias más extremas que hemos vivido, pero a la vez única, especial e inolvidable.

  

Os contamos un poco qué es Blachford y qué hicimos en estos dos intensos meses.

El ecohotel consiste en un edificio principal precioso, de estilo rústico construido en madera que tiene 4 habitaciones familiares. Además alrededor del lago hay 3 cabañas más para huéspedes. En total pueden alojarse hasta 45 personas. Imaginaos un lugar en el medio de la nada para un máximo de 45 personas…Blachford Lake lodge no es un alojamiento de lujo ni mucho menos, pero sí es exclusivo y la gente paga mucho dinero para ir a un lugar tan remoto y único.

En Blachford todo intenta ser lo más sostenible posible: la madera para el fuego se obtiene de los árboles de la zona, el agua para consumir se bombea del lago cada mañana, los baños son compostables, todo se recicla…y todo este trabajo es del que se encargan los voluntarios, además de otros servicios en el hotel como limpieza de habitaciones, quitar nieve, tours por los alrededores con los clientes, pesca en el hielo, rutas en motos de nieve, ski de fondo, clases de artesanía, etc…

Nosotras hacíamos estas tareas, por supuesto, pero nuestra función principal era trabajar en el departamento audiovisual, haciendo fotos y videos para las redes sociales y la web del ecolodge y dando consejos a los clientes para hacer fotos de las auroras. Aquí os dejamos un post con consejos básicos, fáciles y rápidos  para hacer fotos decentes de las auroras boreales sin ser fotógrafo profesional 😉

En estos videos podéis ver un poco cómo era el lugar y algunas de actividades que se hacían.

El hotel tiene unos cuantos trabajadores fijos en la oficina de Yellowknife, desde donde se gestionan todas las cuestiones administrativas y se recibe a los clientes y voluntarios antes de montar en el hidroavión hacia el ecolodge. Pero el personal que trabaja en Blachford cambia bastante, ya que en cada temporada (verano o invierno) suele haber equipos distintos. Cuando nosotras estuvimos en Blachford éramos unos 15 voluntarios de todas partes del mundo (pero constantemente van y vienen voluntarios).Además de los voluntarios había un pequeño equipo de staff de 3-4 personas (que son voluntarios que al final se han enamorado y se han quedado más tiempo a trabajar allí, casi todos los Working Holiday) y dirigidos por una pareja maravillosa de managers, que eran nuestros padres canadienses, Tom y Christina, o como todos les llamábamos: “mom & dad”. Y un chef, Yves, qué nos preparaba comidas de 5 tenedores…o de 6 (como los kilos que ganamos en esos dos meses, jaja).

Durante el día estábamos de lo más entretenidas trabajando dentro y fuera del hotel, con todo lo que ello conlleva: pon ropa, quita ropa, pon guante, quita guante, estoy en la calle y se me congela la nariz, corre para dentro a la chimenea…toda una aventura para los que nunca hemos vivido a esas temperaturas extremas, jaja. Pero cuando llegaba la noche…empezaba la magia.

El cielo allí es un infinito manto de estrellas. Aunque hace mucho frío no suele haber nubes ni nieva demasiado a menudo (¡en serio!), y la contaminación lumínica es casi nula, así que es el escenario perfecto para ellas: las luces del Norte.

Aunque las primeras noches no tuvimos mucha suerte con el avistamiento, a los 4-5 días de estar en Blachford pudimos ver la primera de muchas auroras que estaban por llegar.

Cuando no has visto nunca antes auroras te preguntas cómo serán, cómo aparecerán. Suele ser poco a poco, pero a la vez rápidamente. Una masa grisácea como de polvo, casi como si fuese un fantasma, comienza a aparecer en el cielo y a hacerse más intensa. A veces las auroras son rápidas y se mueven a ritmos de locura. Otras veces son lentas y van conquistando el cielo poco a poco hasta que se hacen dueñas absolutas de él. Una cosa que nos llamó la atención es que las auroras no son tan intensas en color como vemos en las fotografías. Depende mucho del ojo humano y de la intensidad, pero en general tienen que ser muy intensas para ver el verde e incluso el rosa o el morado. Las auroras normalmente se ven grisáceas (algunos afortunados las ven más verdosas a simple vista) y necesitas una cámara para captarlas en toda su majestuosidad de color, pero el movimiento sí que se ve y es espectacular. Tened en cuenta que los videos que se ven de auroras son timelapses (muchas fotos puestas juntas) y cada foto son entre 10seg y 15 seg para captar su color, así que al ojo humano le cuesta hacer el trabajo de una cámara. Aunque cuando la aurora es muy muy intensa sí que se ven de colores vivos sin cámara.

Nuestra primera aurora fue genial, porque fue la primera, pero realmente era bastante floja y estábamos tan nerviosas que no hicimos ni una foto buena, NI UNA, jaja. En nuestra defensa hay que decir que hacer fotos de auroras tiene sus trucos y hay que hacer mucho ensayo y error, y estando a -37 grados era bastante difícil estar mucho tiempo en el exterior, jaja.

Después de aquella primera noche vinieron muchas más noches de espectáculo. Cuando se ocultaba el sol comenzaba la espera. Hay una leyenda que dice que las auroras aparecen muy tarde, pero no es totalmente verdad. Nosotras hemos visto auroras tanto a las 8 de la tarde como a las 3 de la madrugada.

  

En Yellowknife utilizábamos la app My Aurora Forecast para ir haciendo el seguimiento de las auroras y saber cuándo llegaban, pero sobre todo utilizamos la web cam del observatorio de Yellowknife, que funciona a las mil maravillas. Mientras veíamos una serie calentitas en la cama, teníamos la web cam de Yellowknife enchufada, jaja. Así nos ahorramos tener que estar saliendo y entrando de la cabaña para mirar el cielo, jaja. Eso sí, cámara y trípode siempre preparados y en cuanto había auroras salíamos corriendo. Ponte la ropa de nieve encima del pijama, los calcetines de lana, la chaqueta del muñeco Michelin, los guantes finos, los mitones encima, el gorro, la bufanda…una odisea pero que bien merecía la pena, jaja.

Y así pasamos 2 meses inolvidables: trabajando de día, comiendo mucho, haciendo deporte, riéndonos hasta llorar con la gente maravillosa que conocimos allí, sobreviviendo por la noche (porque teníamos que mantener nuestro fuego en la cabaña toda la noche y era muuuuuy duro) y haciendo cientos de fotos nocturnas a las auroras boreales.

De todos esos días, y sobre todo de todas esas noches, hay una de la que nos acordamos perfectamente: el 9 de marzo de 2018. Todo apuntaba a que la noche iba a ser muy activa, ya que había luna nueva y esto es clave para verlas bien. La aplicación marcaba niveles muy altos y nos preparamos cámara en mano para esperarlas. Pero ni siquiera hizo falta que se hiciese de noche. Al atardecer empezamos a ver las auroras sobre el horizonte, mezclándose con las luces del ocaso, y poco después llegaría la noche más alucinante de nuestras vidas. Esa noche tuvimos lo que se conoce como  una tormenta de auroras. Estaban por todos los sitios, las había de todas las formas, colores y tamaños imaginable. Moved el cursor o el teléfono para ver la fotografía en 360 grados 🙂

Corríamos como pollos sin cabeza con 3 cámaras distintas de un lado al otro: del lago al tipi, al lodge, al igloo, al jacuzzi…todo para verlas desde cualquier ángulo posible. Pero era inviable abarcar todo, las auroras cubrían absolutamente todo el cielo, era mágico, lo más mágico que hemos visto nunca. Es imposible explicar con palabras lo especial que fue esa noche, pero no tenemos mejor forma de intentar transmitiros esas sensaciones que con estas fotografías en 360 grados del 9 de marzo y con este video resumen de todas las auroras que vimos aquella noche y en esos dos meses. Esperamos poder, aunque sea, provocar que alguna mariposa os baile en el estómago al verlo.

Sin duda esta ha sido una experiencia única en la vida, aunque no todo es positivo, claro, porque también sufrimos bastante con el frío (sobre todo Itzi, ya que su cuerpo se agarrotó tanto que se le dormían las extremidades y le provocaban bastante dolor). Pero  estamos muy orgullosas de nosotras mismas, de haber sobrevivido en un entorno que nos era totalmente ajeno y de haber aprendido muchísimo. Y sobre todo estamos muy felices de haber disfrutado una vivencia tan extrema y a la vez tan bonita y tan tan especial. Gracias Blachford por darnos TANTO.


¡Si te ha gustado compártelo en tus redes! Nos harás muy felices :)

Blachford: 2 meses durmiendo bajo las auroras
Facebooktwitter
Etiquetado en:                         

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *